sábado, 9 de mayo de 2009
El caso de Natalia 2 ¿Y por casa cómo andamos?
1. De parte de un hombre, que es padre y está casado: este caso revela un problema de pareja, que incluye falta de comunicación.
2. De parte de una mujer, arquitecta, que suele trabajar con familias jóvenes en countries: este tipo de mujeres no decide ni la elección de un florero a la hora de encarar una refacción en la casa.
3. De parte de otra mujer de la edad de Natalia: esta chica va a pegarse un palo en la ruta si no encuentra la forma de zafar.
Mi idea con este caso era presentar la necesidad que todas las mujeres tenemos de diseñar sistemas de ayuda o apoyo en diversas áreas, pero los comentarios anteriores me llevaron antes por otro camino: el de la necesidad de apoyo de la pareja de cada una.
Parecería obvio (pero no lo es tanto) que si estamos en pareja, hay que diseñar la vida familiar en conjunto: desde la agenda cotidiana hasta el lugar en donde uno vive y la asignación de responsabilidades de cada uno. Si hay que hacer ajustes, es inútil convocar a un ejército de familiares, amigos y proveedores externos si no se ataca el problema con nuestra pareja.
No hay nada de malo en pedir ayuda si uno no da abasto, o si da abasto pero la está pasando mal. Primero hay que parar un minuto y darse cuenta de lo anterior. Luego, tomando como premisa que no hay nada que no pueda modificarse o resolverse, comunicarse con la pareja.
martes, 5 de mayo de 2009
El caso de Natalia, ama de casa en un barrio cerrado
Pero si indagamos un poco más en lo que significa estar en una zona “en plena etapa de crecimiento” surgen, entre otros, datos como estos: hay escasa oferta de escuelas y no existe servicio de combi para llevar a los chicos.
Y esta falta de opciones en cosas que pueden resultar no prioritarias a la hora de elegir un lugar donde vivir se traduce en rutinas más o menos así:
Todos los días Natalia maneja 35 kilómetros a las 8 de la mañana para llevar a los dos chicos más grandes a la escuela. Regresa esos 35 kilómetros a su casa y al mediodía vuelve para buscar al del medio, que no tiene doble jornada. De paso, le lleva el almuerzo al más grande, a quien la comida del comedor de la escuela no le gusta. Regresa a su casa en el barrio cerrado para almorzar con el del medio y a la tarde vuelve a manejar 35 kilómetros para buscar al más grande. Total: 210 kilómetros por día.
Natalia está atrapada por esa lógica. La rutina se le fue complicando de a poco, a medida que nacieron los chicos y no se le presentan alternativas para cambiar la situación. No tiene necesidad económica de trabajar, y tampoco podría hacerlo con su rutina actual. En medio de todo esto ella se descuidó en lo personal, se despriorizó en pos de una causa que, vista desde afuera, parece ser más bien difusa.
¿Podría resolverse esta situación? Sin alterar el cuadro general (con una mudanza, por ejemplo) y apuntando solo al problema del transporte escolar, se podría lograr simplificar las cosas alterando pocas variables:
- El marido de Natalia, ya que trabaja en la zona, podría llevar a los chicos a las 8 de la mañana y/o buscarlos a las 5 de la tarde.
- Hacer “pool” con otras familias implicaría hacer todo el recorrido solo un par de veces por semana.
- Inventar un servicio de combi con 10 chicos en la misma situación implicaría una mejor utilización del tiempo, e incluso podría ser más económico.
¿Pero por qué no lo hace Natalia? ¿Es masoquista? ¿Es un caso aislado? Una de las respuestas que me doy es que a veces uno no está dispuesto a admitir que necesita más ayuda de la que tiene.
Esta es la introducción a algo que me gustaría desarrollar más adelante, y es que necesitamos crear (o recrear) sistemas de ayuda a través de múltiples fuentes: familiares, vecinos, miembros de la comunidad escolar, organizaciones varias, personal doméstico, baby sitters, servicios de transporte, profesionales de la salud, psicólogos, etc.
sábado, 2 de mayo de 2009
El perfeccionista que deja las cosas para más tarde
Me sentí bastante representada. Y, aunque todavía no resolví del todo la cuestión de querer tener el 100% de los los procesos y los objetos del hogar y de la familia bajo control, encontré un par de claves que justamente tienen que ver con el título de este blog:
- Es mejor terminar algo (aunque no esté del todo perfecto) que no empezarlo porque no va a estar del todo perfecto.
- Organización significa que todo tenga un lugar asignado, no necesariamente que en todo momento todo esté en el lugar asignado.
Entonces, hay que dedicar un poco de esfuerzo a esta organización. Yo lo divido en tres partes:
- Diseño
- Comunicación
- Mantenimiento
El diseño de la organización implica pensar el orden, asignar espacios, repartir tareas y responsabilidades, crear rutinas, escribir agendas… Si el hogar es unipersonal, pasamos al punto 3. Si se trata de una pareja, lo importante es consensuar el diseño con el otro miembro de la pareja. En el caso de una familia, es fundamental pasar al punto 2: la comunicación.
Todos los integrantes de la familia – incluyendo, si hay, al personal doméstico - deben conocer el orden de la casa (o del bolso de la escuela, o la mochila para la colonia, da igual) y preocuparse por la parte que les corresponde. Deben estar de acuerdo y alineados con las consignas. Ya sé, es difícil. ¿Quién dijo lo contrario? Pero no dejemos de trabajar sobre el tema. Tengamos paciencia con los chicos, porque les va a llevar un poco más de tiempo que a nosotros mismos completar una tarea. Hay que comunicar, insistir, darles ese tiempo y dejar que lo hagan solos.
Si no queremos que el esfuerzo realizado en los puntos 1 y 2 se esfume en menos de una semana, hay que trabajar sobre el mantenimiento. Lo más normal es que luego de un “ataque de orden” nos relajemos. Para no volver al punto de partida, como en el Juego de la Oca, hay que relajarse lo menos posible y seguir trabajando sobre el seguimiento de las pautas acordadas.
lunes, 27 de abril de 2009
Cuidado personal, segunda parte
Retomemos un poco lo que planteamos anteriormente sobre la importancia de cuidarse a uno mismo para poder ser mejor persona, mejor profesional, mejor miembro de una pareja: hace falta "nutrirse" físicamente, emocionalmente, mentalmente y espiritualmente.
Van las preguntas
1) ¿Qué 3 pasos podés empezar a dar este mes para priorizar tu propio cuidado?
2) ¿Qué cambios tendrías que implementar ya mismo para que este cuidado personal esté integrado a tu vida cotidiana?
3) ¿Qué es lo que te motivaría a hacer del cuidado personal una prioridad?
La última pregunta es la de la en una encuesta con opciones. Espero sus opiniones
sábado, 25 de abril de 2009
La importancia del cuidarse a uno mismo
- sobrecargamos la agenda con más cosas que las que podemos realizar
- nos sentimos en la obligación de ser y estar perfectas (¡qué presión!)
- pedimos menos ayuda que la que deberíamos pedir (tanto familiar como con personal contratado)
- renunciamos a hacer cosas por culpa
- descansamos poco, menos que lo mínimamente necesario
Entonces, el amor y el cuidado que ofrecemos generosamente a los demás no lo estamos extendiendo hacia nosotras mismas. Y hay un dato adicional: si no trabajamos sobre nuestro propio cuidado ¿qué tipo de modelo estamos ofreciendo a nuestros hijos? : uno que no está basado en la autoestima. Cuidarnos tiene una enorme importancia porque es aquello que funciona como nuestra reserva de energía para hacer todo lo que hacemos, nos hace vivir en calma y ser más efectivas. Y, fundamentalmente, nos hace sentir bien por dentro y por fuera.
Aquí algunos ejemplos simples sobre cómo podemos cuidarnos y al mismo tiempo renovarnos:
Cuidado físico
- Comer de manera saludable, tomando mucha agua y descansando
- Hacer actividad física todos los días, aunque sea por un período de tiempo breve
- Dedicar tiempo a nuestro cuerpo: desde la consulta médica hasta la peluquería, el kinesiólogo o aquello que nos haga sentir bien.
Cuidado emocional/espiritual
- Reunirse con amigos y mentores profesionales
- Buscar ayuda profesional en distintos tipos de terapia
- Escribir acerca de nuestros pensamientos y sentimientos
- Salir con amigas o en pareja. Salir sola tiene su encanto también, eh!
- Caminar en la naturaleza.
- Hacer algo creativo: pintar, dibujar, escribir, bailar, cantar
- Hacer un trabajo voluntario para una causa que nos motive.
Cuidado mental
- Estudiar algo que nos estimule intelectualmente (en mi caso, me estoy aplicando al alemán)
- Aprender una destreza nueva, como tejer
En la próxima entrada sobre este tema propondré un ejercicio práctico. Hasta la próxima.
miércoles, 22 de abril de 2009
Asignar tiempo para ordenar
Como leí hace ya mucho tiempo y para otro fin Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, comencé a asignarme una porción de tiempo para mi rol “Ama de casa”, bloqueando un horario determinado en Outlook. Lo que primero hice fue delegar todo lo delegable para aumentar mi productividad y concentrarme realmente en lo que es indelegable, como por ejemplo qué elementos dentro de un placard atiborrado conservar y cuáles no. Hasta acá, todo fenómeno.
Ahora bien, cuando llega la hora señalada pasan dos cosas:
- Ocurre algo imprevisto - más o menos importante, da igual - y borro de un plumazo mi bella planificación por roles y prioridades y me dedico a ese algo urgente. (En palabras de Covey, salgo del cuadrante 2 y paso al 1 o al 3)
- Empiezo con la actividad planeada, pero no me concentro en el objetivo. Hago varias cosas al mismo tiempo y no termino la tarea. Estoy en el cuadrante 2, pero no fui efectiva. Con lo cual, el placard del ejemplo queda igual o menos ordenado que antes.
Creo que hay formas simples de atacar estas dos tendencias. Las que estoy tratando de implementar son estas:
- Asignar el doble de tiempo que naturalmente le asignaría a la tarea. Si pienso que ordenar un placard me va a llevar dos horas, bloquear cuatro horas en Outlook.
- Segmentar la tarea en subtareas. Plantear el objetivo para la subtarea. En este caso sería organizar cajones de la nena (no de todo el placard)
- A continuación hay que pensar en una lista de acciones y objetos que se necesitan
- Cajas para ubicar elementos a archivar o donar
- Dejar un área libre para desparramar los elementos y clasificarlos
- Identificar si hace falta comprar elementos como perchas, cajas, separadores de cajones, etc.
- Si la respuesta es afirmativa, medir de los espacios disponibles para estos elementos y asignar tiempo para ir a comprarlos. No es tan fácil encontrar la caja exacta que estamos buscando.